La fuerza del guerrero proviene de un sitio profundamente sabio, sereno y poderoso.
Es impecable.
El Guerrero no necesita imponerse, no necesita exigir… emana poder.
Conoce exactamente cuál es su sitio, lo ocupa sin exigirlo, no pide permiso pero tampoco arrolla.
El guerrero conoce su sombra, convive con ella y no le teme.
La rabia no domina sus pasos.
El guerrero conoce su mente y sus estrategias. Escucha y comprende por ello ya no es esclavo de su pensamiento.
De ahí emana su calmado poder.
El guerrero conoce su verdadero origen, por ello su espada no vacila jamás.

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